Mártires

San Fabián, varón incomparable, de gran pureza y santidad, dispuso que se escribieran las Actas de los Mártires. Padeció martirio el 20 de enero del año 250.

Treinta y ocho años después, también un 20 de enero, padeció San Sebastián. Gozaba este valiente militar del favor del emperador Diocleciano, y con él se constituyó defensor de la Iglesia: visitaba a los cristianos encarcelados y los alentaba para el martirio. Enterado el bárbaro Emperador, lo condenó a morir por medio de tiro de flechas. Dejado por muerto, una santa viuda recogió su cuerpo, vivo aún, y lo cuidó hasta lograr que convaleciera. Presentóse de nuevo a Diocleciano, increpándole por su crueldad, y el tirano le hizo morir apaleado. Es uno de los más insignes mártires de Roma, y abogado contra la peste.

Grandes maravillas obró la fe de los patriarcas, profetas y santos del Antiguo Testamento: bosquejo todo ello de la fortaleza de nuestros mártires.

V: Santos Fabián y Sebastián
R: Orad por nosotros.

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