Papa y Confesor

El Pontificado de San Silvestre es de los más gloriosos de la Historia. En su tiempo, la Iglesia salió de las catacumbas para ocupar el Palacio Imperial de Letrán, y se edificaron, entre otras, las dos Basílicas de Letrán y de San Pedro. En 325 se reunió en Nicea el primer Concilio Ecuménico, presidido por Osio, Obispo de Córdoba, legado de San Silvestre; allí se fulminó anatema contra Arrio, que negaba la divinidad de Jesucristo. Surio llama a San Silvestre “varón santo, de angelical aspecto, de palabra elegante, honesto en su cuerpo, santo en sus obras, maduro en sus consejos.”

V: San Silvestre.
R: Orad por nosotros.

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